Mi libro preferido

La consigna de éste trabajo sugería que hablara sobre el primer libro que leí, o el más atrapante. Casualmente, fue el primero el que me atrapó de tal forma que hizo que, hasta el día de hoy, lo relea con frecuencia.

Tenía 8 años y estaba en 3° grado cuando comencé por primera vez a leerlo. Me acuerdo porque en ese momento en la escuela, para la clase de lengua, nos encargaron armar una especie de biblioteca en el salón. Cada uno tenía que prestar un libro, y así podíamos leer el nuestro o bien intercambiarlos entre nosotros.

Entonces yo, feliz de la vida, llevé aquel libro gordo que había sacado de la colección que teníamos en la estantería del living de mi casa, uno que mi papá ya antes me había dicho que me iba a gustar. Era más que ambicioso para mi el leerlo, porque hasta ese momento solo había terminado cuentos cortos, de esos que te dan en la primaria para que después hagas trabajos prácticos o evaluaciones sobre ellos, o de los que le pedís a tu mamá que te lea antes de dormir tantas veces que los memorizas; así que me llevó bastante tiempo acabarlo. Pero una vez que inicié la lectura, cuanto más avanzaba en la historia, más me maravillaba.

El libro tenía todo lo necesario para cautivarme: emoción, magia, héroes, villanos, amistad, aventuras, desventuras y vueltas de tuerca que hacían su relato tan fascinante que hizo que lo amara desde el primer momento; y, por supuesto, contaba con el plus de que me hacía sentir una “nena grande” el estar leyendo un libro de esas anchuras. Éste, cuenta la historia de Bastián, un niño que, al compenetrarse tanto en la lectura de un cuento, se mete dentro de él, convirtiéndose en su protagonista y viviendo aventuras inolvidables. Y yo pude sentirme de la misma forma que Bastián. Pude vivir junto a él su fabulosa historia, sentir lo que él sentía en carne propia, reír y llorar, y hacer que mi corazón se acelerara cada vez que estaba por comenzar un nuevo capítulo.

Y la mejor cualidad que tiene, es que cualquier persona de cualquier edad o sexo puede leerlo y sentir lo mismo. Tiene la inocencia necesaria para que pueda ser apta para un niño, pero encierra una historia tan fantástica y conmovedora que hace que un adulto pueda ser capaz de involucrarse con la trama y adorarla.

El libro del que hablo es “La Historia Interminable”, de Michael Ende. Ya para cerrar con el texto, transcribo una de las maravillosas citas que éste contiene:

“Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa… o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado…

Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito…

Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida parecería vacía y sin sentido…

Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.”

La lectura abre la mente, nos muestra el mundo de otra manera, nos dice que todo es posible.

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