Lectura con pasaje hacia el centro de uno mismo

Carrizo, Lara

Trabajo práctico 10

Martes 21 de junio

Comisión 7

Loco les parecerá mi relato sobre mi primera experiencia real con la lectura (quiero aclarar que no me refiero a la primera vez que toque un libro, ni mucho menos de leerlo) sino sobre mi primer contacto real con un relato, de esos que te tocan el corazón y le dan un vuelco. 

Un día me sucedió repentinamente la ansiedad de hacerme socia de la biblioteca pública de mi ciudad. La cual había oído hablar, pero sin saber que todavía el espacio físico seguía en pie.

Ya reconocido el lugar y asociada. Lo consecuente fue la emoción de retirar mi primer libro (la biblioteca daba lugar a que cada vez que la visitarás pudieras llevarte 5 libros, cual quiera que sea de tu agrado). Pero claro, después de la lectura del primer libro entendí que en lo personal de cada uno, encontrar un libro adecuado no era algo que sucedía de un día para otro. Era como una búsqueda del tesoro, donde ibas recogiendo pistas de cada libro que te interesara para luego poder encontrar el tesoro que te toca el corazón.

Pasó el primero, se vino el segundo y hasta el tercero, pero no lograba encontrar una lectura que me dejase la mente carburando a mil kilómetros por hora en el momento de cerrar la contra tapa.

Algunos de amor, otros policiales y también de historia. Gordos y flacos, letra chica y letra grande, largos y cortos, colorinches y opacos. De todas las formas y variedades en los relatos, pero yo estaba empeñada en encontrar ese libro.

Recuerden alguna vez, en algún momento, cuando les dicen ese refrán que se refiere a algo así como “cuando menos lo esperas, llega”. Bueno algo así paso con mi libro favorito.

Ya resignada devolví el cuarto libro, sin ánimos de recorrer los estantes del antiguo lugar. Tal vez debía tomarme un descanso de las lecturas al azar y esperar a que me recomendasen uno, pensaba yo. 

“Hoy trajimos unos nuevos” me comentó el bibliotecario “tal vez alguno te interese”. Le agradecí, pero me excuse diciendo que iba a pasar en otro momento, hasta que vi detrás de él un libro verde manzana que capto toda mi atención. Retire lo dicho y le dije que por hoy me llevaba ese.

Entiéndanme al reservarme el nombre del libro. Es una novela maravillosa y digna de compartir, pero mi historia no va con ánimos de quitarle el desinterés por el libro, por saber su final. Qué fantástico sería que a todos les llegase al corazón como me sucedió a mí y lo encuentren, así, de casualidad (o causalidad). A no ser, que sean de esas personas que comienzan el libro por su última página y ahí lo podríamos charlar.

Éste libro, al contrario de los demás, fue de una lectura extendida en el tiempo. Sus primeras páginas las leí desinteresadas por parecer un simple relato sobre tres adolescentes que transcurrían su vida cotidiana en un campus en busca de un “Gran quizás” (así lo describe el autor). Hasta que a la mitad, el libro da un giro de tres sesenta y comienza lo interesante. Un hecho trágico ocurre y conmueve a todos los protagonistas de la historia, y hace su aparición mas turbulenta la búsqueda del “Gran quizás” de sus vidas.

A partir de eso, comenzaba a tener esa sensación de irme a dormir pensando en cuál será también  mi “gran quizás” en mi vida, mi gran objetivo. Comenzaba el libro a tocar mi mente y sacudirla un poco, llegaba todos los días del colegio con ansias de saber cómo seguía la historia.

El libro, en su final relata un texto creado por uno de los personajes de la historia, el más abatido por la muerte de su amor del campus. En aquella carta, fue en donde el libro se llevó mi corazón, se metió en mi mente y me toco el alma.

Él con tan solo pocos años de vida, como cualquiera de nosotros, habla sobre las experiencias, el miedo, la vida, el amor, la amistad, la muerte y la eternidad. Pero primordialmente habla de “romperse” con nuestras experiencias de vida y repararnos, y como la vida puede afectarnos de distintas maneras, pero que nunca nos “rompemos” de manera irreparable.

Y uno entiende después, que hay que “romperse” porque para eso estamos. Romperse en el amor, romperse de risa con los amigos, romper los miedos y cruzar la barrera de la eternidad.

Y luego de leer eso, al cerrar la contra tapa, me dormí con la cabeza carburando a mil kilómetros por hora y satisfecha de haber encontrado mi gran tesoro. 

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