Receso invernal doblemente destacable

El viernes 2 de julio me comía las uñas. No veía las horas de estar en Colón y reencontrarme con esos amigos que hacía meses no veía. Sí, mis vacaciones empezaban, ¡a disfrutar se ha dicho!

Varios momentos vienen a mi mente, pero sin duda hay dos que marcaron una diferencia con otras vacaciones; sin destacar esos días que tuve que prepararme para el parcial de Pensamiento Sociopolítico I: perfecto día del amigo. Sin embargo no me quejo, lo bueno fue que compartí unas horas con mis nuevas amistades. Eso también marcó una diferencia.

Pero dejando de lado lo que respecta a esa estadía fugaz en Rosario, lo destacable de mis vacaciones fueron el festejo de mi cumpleaños un mes después, y las “minivacaciones” en familia.

El sábado 10 de julio festejé mi cumpleaños número 19 y el de dos amigas, “tiramos la casa por la ventana“, realmente fue algo extraño en mi ya que no festejo mi cumpleaños desde que tengo 10 años, porque me molesta mucho ser centro de atención (¿fiesta de 15? ¡Ni pensarlo!) a diferencia de tantas personas, que lo único que buscan es eso. Mis únicos festejos de cumpleaños eran en mi casa: pizza, torta, amigos cercanos, y algún aperitivo, pero nada demasiado exagerado. Este año fue en un salón (¡todo un acontecimiento!) y además de mis amigos, fueron otros tantos conocidos, y otros tantos desconocidos (siempre hay alguno que ve luz y entra). Estuvo presente además un gran compañero de festejos, más conocido como “Branca” (IN-FAL-TA-BLE), y no faltaron los collares de colores, las narices de payaso, y los anteojos fluorescentes. ¿Anécdotas? Prefiero no mencionarlas, todavía quiero que mis compañeros me respeten.

Y bueno el otro lindo recuerdo de este largo receso invernal, fue un viaje que hice con mi familia a Colonia del Sacramento, una ciudad uruguaya que queda en la costa del Río de la Plata, en frente de la ciudad bonaerense de Quilmes. Colonia (valga la redundancia) conserva un estilo colonial, las casas tienen fachadas antiguas, las calles son de viejos adoquines y de piedras, hay pasajes estrechos, y un faro con una vista espectacular.

Lo interesante de este lugar, además de su estilo pintoresco y sus playas con suaves arenales, es que allí se alquilan medios de transporte pequeños para los turistas extranjeros -que por cierto eran varios- y para los turistas que cruzan a el río. Se alquilan scooters (vehiculo bastante común en los habitantes de Uruguay), carritos de golf de golf, “boogies” -similares a los kartings- y un vehículo bastante gracioso en el que anduve, como un pequeño auto pero con tres ruedas, para sólo dos personas y se maneja como una moto.

Pero dejando de lado los vehículos, la ciudad es realmente cálida, a quién le agradan las ciudades tranquilas, y antiguas, con historia, y con ese estilo, le recomiendo que vaya, no creo que se arrepienta, se pueden disfrutar de comidas frente al río, de paseos nocturnos muy tranquilos, hay museos, y demás cosas para visitar.

Estos fueron mis mejores momentos de las vacaciones, lo más destacable, lo más diferente, porque el resto fue sólo recuperar esa vieja rutina que tanto extrañaba: mates a la tarde con amigos, paseos en la playa, salidas a la noche, películas, y tiempo en familia.

 

En las fotos: con mi grupo de amigas en el cumpleaños, y abajo en Colonia con la “motito-auto” que mencioné.Sin-1.jpg

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