El Willie Litoral.

Desde el dia que tome la decisión de elegir el tema de, los jóvenes que comenzaron a renovar la música del litoral y la difusión con la que cuentan, para el trabajo final surgió la incognita de a que espacio podría dirigirme para describir.

  El dia lunes 29 de setiembre llego a radio nacional(radio donde trabajo para el programa cancionero guaraní) las invitaciones para asistir al recital del Mauri y Simon Merlo, que se realizaría en el Willie Dixon el dia 8 de octubre.

 Llegado el miércoles 8, comenzó el recital. Grandes, jóvenes, algunos con las vestimentas de gaucho, otros con trajes de etiqueta que de seguro eran los representantes de los artistas, también estaban los que pasaban desapercibidos vestidos de manera “normal” como lo estaba yo. Ese ambiente en el cual, desde tan joven me había criado, esa calidez en el trato de los bailarines que pedían permiso para poder bailar, las barras abarrotadas de gente pidiendo su cerveza, y el nerviosismo de los familiares de quienes en algunos minutos saldrían en escena.

 Los “sapukay” se transformaron en moneda corriente para mis oídos. La acordeona soplaba melodías que podían erizarme los pelos, la guitarra leia notas en voz alta que se entrelazaban entre si para formar un discurso con ritmo.

 Estos  jóvenes que llevan en su sangre la esencia chamamecera, llegaron al corazón de la gente, lograron emocionarme. Su apellido pesa y mucho en el ambiente, su abuelo Ramon merlo fue el fundador del santuario chamamecero por excelencia llamado “el rancho de Ramon Merlo”.

 Una de las escenas que me impacto fue cuando, en medio de la presentación cantaron el Himno Nacional en guaraní, la lengua madre del litoral. Fue increíble divisar a la gran totalidad de la masa de personas, enarbolar las estrofas con la fuerza y la convicción con que lo hicieron.

 Dentro de este espectáculo pude rescatar algunas anécdotas, por ejemplo, una señora de  unos 50 años sufrió de un ataque de epilepsia, y luego de varios minutos tirada en el suelo, la gente se dio cuenta de lo que estaba pasando. Otro suceso que pude presenciar en calidad de testigo, fue como dos jóvenes se hacían con el bolso de una mujer, pero rápidamente fueron interceptados por los miembros del cuerpo de seguridad.

  Luego de aproximadamente dos horas de show, los hermanos se despidieron de su publico con un clásico como lo es kilometro 11. Todos nos retiramos con una sonrisa de oreja a oreja, algunos porque ya se retiraban a sus casas, otros por la obra de arte que presenciaron, yo particularmente porque fue la primera vez que asisti a un evento como este con la idea de observar todos los detalles, para luego pasarlos por escrito. Hablando de detalles, vale la pena rescatar el volumen tan alto de la música, me hizo acordar a los boliches que suelo concurrir.

   Fue una gran experiencia, y gracias a  Radio Nacional se que podre asistir a muchos eventos de esta índole. 

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