Experiencia religiosa

Cuando era pequeña, alrededor de los siete años de edad, tenía una especie de ritual.

Con la llegada de cada fin de semana planeaba con mucho entusiasmo unas mini vacaciones en la casa de "Lala", mi abuela paterna.

Todos los domingos por la mañana, muy temprano por cierto, emprendiamos viaje rumbo a la Iglesia. Allí mismo funcionaban talleres para los niños, donde además de acercarnos la palabra de Dios de forma muy didáctica, accediamos a clases de lectura en las cuales trabajabamos con libros infantiles dotados de enseñanzas y moralejas.

De regreso a casa de mi abuela y también por la noche antes de dormir, Lala me leía algunos versículos de la biblia, e incluso los leía junto a ella.

Con certeza puedo asegurar que esos fueron mis primeros acercamientos  a la lectura, en este caso, de tipo religiosa. Y más adelante participando en jornadas y concursos de lectura en la escuela primaria a la que asistí.

Si bien con el correr del tiempo seguí interesandome por la lectura, debo reconocer que desplacé mi interés hacia otra clase de textos. No he leído gran cantidad de libros, sino más bien artículos de interés general, revistas, diarios e informes. Sin embargo estoy convencida de que un libro es una muy buena alternativa para "escapar"  de la realidad, o simplemente para lograr distraernos, divertirnos y disfrutar.

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