Benedetti: el inicio de un camino en versos

A diferencia de lo que suele ocurrirle a la gente, mi camino en la lectura nació en mi placer por la escritura. Más o menos a los doce, trece años tuve mi primer coqueteo con la escritura: eran poemas de rimas muy simples que hablaban de mí mismo, del amor que sentía por la chica que me gustaba o hasta de Manchitas, el gato de la familia.

Si, en octavo tuve que armar y leer una antología de cuentos inmensa que iban desde Edgar Allan Poe hasta Cortázar y desde Silvina Ocampo a Kafka. Pero, si bien eran en su mayoría cuentos interesantes,  no los leía por elección, así que decido no tomarlo como mi punto de partida en la lectura.

En noveno tuve mi primer encuentro con la lectura que sentí como propia. Estábamos dando poesía en lengua y una actividad que había quedado como tarea para la otra semana era buscar una poesía de algún poeta que nos guste. Sinceramente había empezado a escribir mis primeros poemas pero nunca había ido a la fuente, así que me puse a buscar y ahí lo conocí. Conocí a Mario Benedetti.

Este uruguayo, dueño de una sensibilidad y una sencillez muy notorias en sus escritos, me cautivo por completo. Me atrapo al punto de leer de una sola vez uno de sus mejores poemarios: “El amor, las mujeres y la vida”, el cual reúne sus mejores poesías románticas y donde inmortalizo mi favorita “Todavía”.

Luego, con el correr de los años seguí muy ligado a él por la lectura. Continué leyendo muchos de sus poemarios (¡escribió más de cuarenta!), ya que él era un referente y una inspiración en lo que empezaba a sentir como algo tan propio y que me llenaba tanto como la poesía. También tiene un lugar especial en mi biblioteca, ya que “La tregua” fue la primer novela que compre con mi plata y que leí por placer.

A cada persona que puedo se lo recomiendo (el libro de “La tregua” que tengo paso por las manos de la mitad de mi familia, mis amigos y mi novia) porque sé que se va a encontrar con una literatura sencilla, cargada de emoción y con lo que más me gusta de Benedetti: su empatía por captar lo cotidiano y poder plasmarlo en una hoja. Por eso, para leer a Benedetti hay que leerlo con los ojos bien abiertos tanto dentro como fuera del libro, ya que puede que alguna historia – o poema– se encuentre paseando por la misma plaza que elegiste para descubrirlo.

 

|

Comentarios

Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar